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El libro de Lao-tzu habla del Tao, ‘el Sendero’, aunque declara al principio que no se puede hablar sobre el Tao. Esta es la paradoja de todos los místicos. No pueden sino tratar de compartir con sus semejantes la inmensidad que han experimentado, sabiendo muy bien que ninguna palabra puede captarla, ninguna filosofía puede abrazarla. Las enseñanzas místicas son, según la metáfora tradicional, los dedos que señalan a la luna. Es esencial recordar que el dedo no es la luna. El mapa no es el territorio, y caminar sobre el mapa no es el viaje. Para entender a Lao-tzu, tenemos que llegar a ser Lao-tzu. Esa es la paradoja y el tesoro del Tao Te Ching. El libro es una invitación a embarcarse en un viaje. Si queremos tratar de describirlo de alguna manera, podemos llamarlo ‘un viaje de retorno’:

Retornar es el movimiento del Tao.

El camino de la sabiduría es retornar al origen de las cosas. Es un retorno a la primera condición caótica que precede a la acción ordenadora del ‘logos’, que precede incluso a la manifestación de la realidad:

Hay un ser caoticamente completo en sí mismo
antes de que naciera el cielo y la tierra …
Sin saber su nombre, lo llamo Tao.

En esta totalidad primitiva caótica se produce el movimiento de diferenciación y manifestación: es la «madre del mundo», «un abismo sin fondo», «el antepasado de la miríada de seres». Es un valle, un vacío, es lo femenino

El espíritu del valle nunca muere.
Es el femenino oculto
El femenino oculto
Es la fuente del cielo y tierra.
Como una telaraña, parece que apenas existe
Úsalo, nunca se agota.

A este vacío vuelve el sabio, invirtiendo el proceso de manifestación:

Alcanzar el vacío final,
permanecer en absoluta quietud.
La quietud es volver al destino de uno,
regresar al propio destino es lo eterno,
saber lo eterno es iluminación …

Cuando él/ella se ha convertido en este vacío, este femenino, este caos fecundo, el sabio no tiene nada que proteger, nada con lo que identificarse, nada que reclamar para sí mismo. Libre del pasado y del futuro, ha vuelto a la condición del “recién nacido”, a la simplicidad del “bloque sin tallar”. Desde este espacio responde espontáneamente a lo que se le presenta. Su acción es naturalmente apropiada, sin ajustarse a ninguna norma ética. Él/ella se ha convertido en un bambú hueco, y a través de su existencia toca sus melodías:

Por lo tanto, el sabio actúa por la no-acción
y enseña sin palabras.
La miríada de seres surgen
y no los rechaza.
Él los cría y no los posee.
Actúa y no reclama recompensa.
Él cumple su tarea y no se detiene en ella.
Porque no se detiene en ello, nunca se pierde.

Una persona así es incomprensible para la mente humana:

Los maestros bien conocidos de la antigüedad
eran sutiles y misteriosos,
profundos y penetrantes,
demasiado profundos para que la mente lo entienda.

La persona común quizá le vea a él o ella como un loco/a:

Mi mente es la mente de un loco!
Turbia y caótica!
La gente común es clara y brillante,
¡Yo solo estoy oscuro y confundido!
La gente común es inteligente y segura de sí misma,
¡Yo solo soy aburrido y tímido!

Pero este “loco/a” sabe un secreto que no tiene precio:

Yo solo soy diferente de los demás
porque atesoro el alimento que proviene de la Madre.

Conocer este secreto sostiene ‘el gran símbolo’, o ‘la gran imagen’ – y a la persona que sostiene la gran imagen,

Todo el mundo llega y no sufre ningún daño,
sino que encuentra el gozo y la paz.
La música y la buena comida
hacen que los viajeros se quieran parar.

El sabio se convierte en un árbol grande cuyo rico follaje da refugio a muchos seres. Se convierte en agua, que

beneficia a la miríada de seres sin esforzarse
y mora en lugares que todas las personas desprecian.

Él/ella se convierte en un río ‘desbordante en todas direcciones’ –y su ‘virtud’ es la simple espontaneidad,

La virtud más alta no es consciente de la virtud,
por lo tanto tiene virtud.
La virtud inferior nunca pierde de vista la virtud,
por lo tanto, no tiene virtud.

El Tao Te Ching ha inspirado la escuela filosófica y mística del taoísmo y ha ejercido una influencia sutil en gran parte de la cultura china, también al infiltrarse en la filosofía confuciana dominante. Por otro lado, el taoísmo religioso, a pesar de adorar a Lao-tzu como un dios, tiene poco que ver con sus enseñanzas y está mucho más cerca de los antiguos cultos animistas de la religión china popular. Pero, si la cultura tradicional china se ha configurado mucho más por Confucio que por Lao-tzu, el ‘viejo maestro’ ha hecho una reaparición en los últimos años en Occidente. El Tao Te Ching está en la lista de los escritos filosóficos y místicos más populares y ampliamente traducidos de todos los tiempos:

El Tao es un recipiente vacío,
pero su uso es inagotable …